Los Juegos que Jugamos

El Dr. Eric Berne escribió en la década del 60 un libro denominado ¨Games People Play¨ en donde realiza un análisis de los juegos  psicológicos que los seres humanos establecemos para relacionarnos.

El Dr. Berne describe el juego como ¨… una serie de transacciones ulteriores, complementarias, que progresan hacia un resultado previsto y bien definido. Descriptivamente, es un conjunto de transacciones recurrentes, frecuentemente prolijas, superficialmente plausibles, con una motivación oculta; o en lenguaje familiar, una serie de jugadas con una trampa o truco.¨

Todo juego, por tanto, tiene un fin, una intención o agenda oculta así como también algún mecanismo de compensación/satisfacción. Para que exista el juego debe haber al menos dos jugadores, cada jugador selecciona un rol que cumplirá para satisfacer algún tipo de necesidad y la no consecución de éste puede generar desesperación o depresión, cuando uno de los jugadores no asume el rol que se espera de él. El juego entra en funcionamiento cuando ambos o más jugadores participan y siempre, de alguna manera, representa una competición que, cuando es honesta, puede ser placentera para ambos, pero cuando no lo es, por lo general resulta en perjuicio del otro.

Buscamos los juegos como mecanismo de acercarnos a la intimidad. Como indica  Berne,  ¨Afortunadamente, las recompensas de la intimidad libre de juegos, que es o debería ser la forma perfecta de la vida humana, son tan grandes, que aun las personalidades precariamente equilibradas pueden renunciar felizmente a sus juegos si encuentran la pareja apropiada.¨

Entonces, apelamos al uso de juegos psicológicos cuando necesitamos ocultar nuestros verdaderos intereses o necesidades;  cuando queremos que alguien haga algo que, de otra manera, no haría (o creemos que no haría, porque realmente nunca le preguntamos); por miedo a que el otro me conozca (y por tanto me pueda lastimar), para sentirnos ¨mejores¨ que los demás, para ¨defendernos¨ del otro al cual percibo más fuerte, inteligente o capaz;  para saciar algún tipo de deficiencia del ego, porque, en definitiva, todos los juegos psicológicos son juegos del ego.

En todo caso, los juegos psicológicos resultan siempre agotadores, consumen altas cantidades de energía personal  y, por lo general sus resultados siempre nos dejan insatisfechos.

Entonces, ¿por qué mejor no vivir desde el alma?, entendiendo que nada puede realmente lastimarte si no te lo permites y sólo lo permites cuando lo interpretas como lesivo, cuando le otorgas un significado, el cual sólo tu puedes cambiar.

Vivir desde el alma implica vivir sin miedo, porque, el miedo, en cualquiera de sus manifestaciones, es la más limitante de las emociones, hace que olvides que estas en este plano para aprender, para crecer, para vivir y no para protegerte constantemente de la vida.

Para concluir y continuando con Berne, él establece que para liberarnos de los juegos y por tanto tener una vida más plena necesitamos recuperar tres capacidades:  conciencia de las cosas, que no es más que el vivir en el ahora; espontaneidad o la libertad para expresar los pensamientos, sentimientos, emociones sin agendas ocultas; e intimidad que no es más que la cualidad de ser auténticos y honestos con nosotros mismos y por tanto con los demás.

Creo que bien vale la pena tomar el riesgo de vivir la libertad de una vida sin juegos, donde la energía, la intención y la acción se coloque en las cosas que si queremos alcanzar.

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