¿Cómo abordas la vida?

Todos los seres humanos, aunque iguales, somos distintos. Cada quien tiene una manera específica de abordar la vida, de encaminarse hacia los sueños y de asumir los retos y situaciones que surgen en el devenir de los días.

La manera como lo hacemos determinará la facilidad y rapidez con la cual logremos avanzar  y por lo general todo parte de que podamos engranar las tres áreas o esferas que constituyen nuestro ser: Pensamiento, emoción y acción,  porque cuando dejamos por fuera algunos de estos elementos se produce un desequilibrio que puede interferir en la concreción de los sueños.

Cada uno de nosotros tiene un orden con el cual iniciamos el proceso de afrontar la situación o reto, un área donde nos conflictuamos y otra con la que avanzamos o salimos. En términos generales sería algo así como:

 

pensar sentir actuar

 

Hay quienes inician el proceso desde el pensar, son las personas que necesitan primero tener claras las ideas,  la estructura y desarrollar el conocimiento antes de poder ejecutar. Si entran en conflicto desde  la emoción, pueden permanecer mucho tiempo decidiendo si la información que poseen es suficiente, si la estructura es la adecuada o si la idea es la correcta porque no quieren equivocarse y sentir que fallan. En estos casos no es raro lo que se conoce como parálisis por análisis. Lo ideal es que puedan superar ese conflicto y pasar a la acción aunque no se sientan 100% conformes con el análisis aceptando que es lo suficientemente bueno como para implementarse y asumiendo que muy probablemente no será del agrado de todos y que aún así está bien.

En los casos que el conflicto se presente al actuar, es decir,  la persona define la idea, monta la estructura y actúa pero no obtiene los resultados deseados o no se dan las cosas como desea (a veces porque no ha transcurrido el tiempo suficiente para que suceda); entonces es necesario salir con la emoción, aprender a aceptar, a pausar para revisar, a verlo como una experiencia o  entender que siempre hay espacio para mejorar y no necesariamente abandonar.

Cuando la persona aborda desde el sentir, puede desarrollar un ¨enamoramiento¨ por la idea, o una necesidad de atender o servir de manera inmediata una situación. Si entra en conflicto con el pensamiento es porqué empieza a tomar conciencia de los aspectos prácticos del abordaje, por ejemplo,  una idea extraordinaria requiere por lo general de un esfuerzo extraordinario y constante y eso puede desmotivar. En este caso, lo mejor sería actuar, tomar una decisión y avanzar.

Si el conflicto se presenta al actuar,  por ejemplo,  me enamoré  del proyecto, me lancé y luego me di cuenta que no era lo que quería, el procesamiento intelectual es lo que permite revisar cómo darle forma a esa idea para hacerla viable o para descartarla de manera definitiva.

En los casos que el abordaje sea a través de la acción, la persona se lanza para alcanzar el reto, resolver el problema o emprender de manera inmediata. Si se genera conflicto con la emoción, comienza rápidamente a perder interés o a sentirse que no quiere seguir, lo más saludable es que recurra a la razón para evaluar la situación y poder avanzar bien sea continuar, reformular o abandonar.

Si el conflicto se presenta con el pensar, es decir, no prevemos lo que nos puede costar, el tiempo que puede requerir o el esfuerzo que representa, lo mejor es evaluar qué tanto nos apasiona la idea, proyecto  o situación para continuar.

En cualquiera de los casos todos tenemos un área que nos permite ¨desanclar¨ el proceso y avanzar.

Si no puedes determinar cuál tipo de estructura es la que predomina en ti, te sugiero revises cómo abordas los imprevistos, las contingencias o accidentes pues ahí es donde somos más auténticos. Por ejemplo, si ante un imprevisto tu primera reacción es  paralizarte, posiblemente no seas de quienes inician desde la acción.  Si por el contrario, te ¨lanzas¨ al ruedo pues ya sabes que la acción es tu punto de arranque.

También puede suceder que a veces actúes de una u otra manera dependiendo de la situación, evalúa si no estás ante un hecho de esos que disparan el instinto de supervivencia pues salvo en esos casos la mayoría responderemos de manera más o menos regular a las diferentes circunstancias.

Cuando trabajamos en equipo es importante que entendamos cuál es la estructura con la cual funcionan nuestros compañeros pues, una persona que opera desde la acción puede conectar con una persona que lo haga desde la emoción pero encontrar resistencia en quien lo hace desde el pensar y al final todos tienen mucho que aportar, solo hace falta coincidir y generar una alternativa que pueda servir para el logro de la meta común.

Por otro lado, un grupo de personas que aborden los problemas de la misma manera conformarían un equipo débil al no poder aportar otros ángulos que pueda darle diferentes significados y por tanto diferentes soluciones.

Requiere de pericia y experiencia conectar esa triada para que colabore y no obstruya la consecución de nuestros sueños y metas, así como para sanamente intervenir las situaciones que puedan presentarse.

Nuevamente es un tema de aprender a vivir con las diferencias, a reconocerlas y valorarlas.

En esencia todo se trata de avanzar…. y siempre hay una manera de hacerlo.

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